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Gracias por este tiempo en blogger, los quiere,
- Velvet boy | Arturo Loría
Mudanzas
Ya lo había dicho Lupita D'Alessio. Nada como las mudanzas. Es por eso que Los días intensos se muda de vecindario a uno más Mac frinedly: Wordpress.
No se preocupen mis queridos lectores, los posts y toda la intensidad de este blog sigue intacta, sólo quise irme a un vecindario más chic. El diseño, evidentemente, está en su etapa más primaria, pero poco a poco lo iremos mejorando (meaning, Velvet tiene que aprender a usar esa nueva plataforma). Sé que estos cambios traerán cosas buenas.
Con el tiempo iré exprimiendo todas las ventajas que esta nueva plataforma ofrece. Además, ¡Ya tengo dominio propio!
Así que pueden checarlo en www.velvetboy.wordpress.com
Y pronto, tendremos un ww.velvetboy.com.mx
Sigan conectados.
Yo te quiero, mi corazón
Hoy por fin hice la lista de pendientes. Ésta era una lista que desde el lunes me había propuesto hacer pero que hasta hoy me senté a redactar y, particularmente, asimilar. Armé fechas, vi presupuestos, requerimientos técnicos, posibles necesidades, contactos, a quién llamar, qué pedirle, qué dar. Después de la fiesta todos vamos a la oficina a trabajar y luego volverá la fiesta.
Armar el plan de trabajo de Lionheart y el de Velvet me ha hecho sentirme de nuevo yo, confiar en mí mismo y en lo que hago. Y éste fue sólo el primer paso. El segundo fue comenzar a querer lo que hago.
Fue curioso. Mientras desarrollaba este esquema, detrás de mí platicaban dos ejecutivos acerca de posibles caminos para una campaña que están por sacar. Entre las frases gloriosas que produjeron había tales como: “¿Tú crees que a P&G le va a interesar hacer campaña con una revista pinchurrienta que nadie conoce? Los weyes de esa revista están de lame culos porque apenas es su segundo número ¡No! ¡A los grandes dales cosas grandes! ¡Dales una Quién, una Eres, hasta una Dónde ir! ¡No mamadas independientes!” Entre otras cosas, el ejecutivo regañón decía que tenían que agarrarse un grupo de nenas, sacarles fotos, llevarlas a cenar al restaurante más mamón y anunciar que ganaron el concurso tal o cual. “Pero lo más importante es que todo mundo vea eso…y sí, las tratamos bien y ellas con una docena de Vitamin Waters ya se sienten jet set…sí, eso, dales una docena…¡dos!...para que se sientan importantes. Y una vez que tengamos todo eso, masifícalo, hazlo llegar a TODOS lados…las paseamos en el concierto de Coldplay, en el de Depeche…el que quieras…pero que la gente vea que los tratamos bien…que creemos que son importantes”.
Me resultó divertido que ambos, los ejecutivos y yo, estábamos en realidad haciendo la misma cosa: estructurar y posicionar un producto para las masas. Pero mientras la casa de ellos había sido diseñada por un importante arquitecto y hecha con los mejores materiales, la mía era una pequeña casa de cartón que buscaba resistir y construir algo mejor.
Yo no quiero ocho docenas de Vitamin Water para sentirme importante, porque no lo soy. Yo lo que quiero es saber que lo que hago es importante y vale la pena.
La verdad salí un poco desilusionado y mínimo de ese café. Cuando llegué a casa, navegando por mis sitios de rutina, me topé con el Myspace de Danette: era un vídeo en el que, con Titán, cantaba Corazón el pasado viernes. La chica lasser se veía guapísima, concentrada en sí misma, en su voz, en sus expresiones, en que viniera, casualmente, del corazón. Nadie parecía poder sacar a Danette de aquello que sonaba en su cabeza, fuera lo que fuere. Era simplemente heróica. Había algo en ese vídeo que me conmovió y mucho.
Tras escribir el adelanto de hoy de V.E.E. (y debido a unos diálogos que se incluyen) comprendí mejor lo que pasaba: es una cuestión de corazón.
¿Quién pone y quién no pone el corazón en lo que hace? ¿Quién se entrega? ¿Cómo se entrega? ¿Se dan cuenta? ¡Todo esto es como enamorarse! Hay que desnudarse y entregarse, hacerlo con el corazón, enteros. De lo contrario, será como un acostón de una noche: exitoso, pero insípido.
Si van a sentarse, que sea a prepararlo bien, a trabajar por algo honesto. Si se van a parar, entréguense con lo que tengan, pero sobre todo, con el corazón, que no se les haga terciopelo ajado como a Miguel Hernández y como a algunos de sus lectores.
Vean algo de pasión y amor y rock y corazón
Etiquetas: rock
Lista de cosas que me salvaron hoy
1. La azotea de Ricardo Velmor.
2. La plática en el sillón con Yhali.
3. La llamada de Rosa Elena.
4. Discutir el what-the-fuck-am-I-going-to-do-with-my-life con mis padres.
5. Que me cortaran el internet.
6. DF en bici a las seis de la tarde.
7. Pagar el internet.
8. El concierto de Didi.
9. Paula, Ana, Danette, Karen.
10. Peregrinar por cinco bares vacíos con mis amigas.
11. Conocer a un rocker quite and possibly gay.
12. Ver a otro rocker seguir en drogas.
13. Regresar a casa y descubrir que tengo internet.
14. Lady Gaga.
Gracias, Ricardo Velmor.
No puedo ver a mis amigos
No puedo ver a mis amigos nuevos, desde hace casi dos semanas, o tal vez un poco más. Cada vez que intento verlos, aceptarlos, decirles algo, lo único con lo que me topo es una página en blanco. Primero pensé que no había una buena conexión entre nosotros, después pensé que podría ser un problema suyo, hasta que concluí que el problema era nuestro vínculo.
Hoy encontré mi respuesta: justo en este tiempo, Facebook ha estado haciendo una serie de “modificaciones” que permitan “mejorar la privacidad” de la red social. En un comunicado publicado a las 8:30 de la noche, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, expresa su felicidad por los 350 millones de “amigos” con los que el portal cuenta, pero indica que, en orden de satisfacer a esos 350 deben hacerse las famosas modificaciones. En pocas palabras, Facebook está sobre poblado.
Teniendo en cuenta que, según el último cálculo publicado por el International Programs Center de la oficina de censos de Estados Unidos, habíamos el doce de febrero de este año 6 mil 800 millones 687 mil 940 personas en este planeta, estamos hablando que el .05 % de la población mundial tiene Facebook –que no es la población mundial que tiene acceso a Internet-.
Si Stanley Milgram viviera, estaría tan contento como Mark Suckerberg dice estar de ver que sus experimentos no estaban tan equivocados. Incluso, podría atreverme a decir que estaban muy cercanos a una de las realidades del mundo actual: las redes sociales.
A través de un experimento bautizado con su nombre, Milgram buscaba demostrar lo que el denominaba el problema del Mundo Pequeño (Small World Trouble) y que consistía en que en el Estados Unidos de 1967 la separación entre dos personas elegidas al azar era de seis individuos. Sí, el ya famoso Sexto Grado.
Lo interesante del Mundo Pequeño, es que los experimentos que se realizaron para demostrarlo datan de 31 años antes de la que se considera la fecha oficial de la masificación del Internet como medio de comunicación.
41 años después de los resultados obtenidos por Milgram (y 10 años posteriores a la masificación cibernética) Microsoft hizo lo propio con un estudio realizado a través de su servicio de mensajería instantánea Messenger, llegando a un resultado bastante cercano al obtenido por el psicólogo social estadounidense.
El pasado cuatro de noviembre me sorprendió una imagen: varios pájaros azules cargaban en sus picos una manta que llevaba una ballena apenada. Afortunadamente esto era una ilustración y no un resultado más del cambio climático. Lo que sí era digno de analizar, era lo que esa imagen representaba: Twitter tenía sobre cupo y lo estaban depurando.
¿Qué quieren decir estos fenómenos? ¿El mundo se está haciendo más pequeño? ¿La distancia entre individuos se hace virtualmente más corta? ¿El planeta está sobre poblado a un nivel tal que ya hasta ni en el espacio virtual hay espacio?
Zuckerberg hace hincapié en algo que sí considero importante: cada usuario debe ser responsable y cuidadoso de su privacidad, ya que como demuestra la sobre población del mundo cibernético, cada vez el tiempo y el espacio se hacen más relativos y llegará el momento en el que no podamos ver a nuestros amigos nuevos o ni siquiera sepamos quiénes son.
1929
1929 canciones, 5 días, 9 horas, 36 minutos y 10 segundos, es exactamente lo que miden los 9, 92 Gigabytes de música que le pasé a Nash y Checo para el viaje que inician mañana a la India. Es mi regalo de viaje, pero también de navidad y año nuevo.
Con ese playlist, bautizado con el original título de Viaje a la India pretendo hacer varias cosas. En primer lugar y como el fondo más básico de toda esta operación, darle a mi roomie/amiga/esposo/familia 5 días, 9 horas, 36 minutos y 10 segundos de soundtrack.
En segundo lugar, más importante aún, busco hacer un ejercicio de constancia. Esa bonita característica que los deportistas y adictos suelen tener por igual y de la que, por supuesto, carezco bastante. El plan es el siguiente: diario le mandaré a Nash un correo con el playlist del día. 10 canciones –de las 1929- que ella tendrá que escuchar. Cada canción irá acompañada de una breve descripción en la que se indique por qué fue incluida en ese soundtrack. Así pues, de alguna manera Nash viajará conmigo.
Pero la cosa ha de ser recíproca, así que ella tendrá que enviar un reporte de su viaje, mínimo, una vez por semana.
Y hablando de reciprocidad y compromiso, Rosa Elena me animó a otro ejercicio de constancia: publicar diario en nuestros blogs. Hasta ahora ella lo ha logrado, yo estoy cumpliendo con mi parte del reto.
Pero, por supuesto, no se trata de escribir cualquier cosa, querido lector. Usted sabe que jamás le haría perder su preciado tiempo, así que, escribir en este espacio diario, en el del Viaje a la India y en V.E.E. implicará tener una vida lo suficientemente interesante e intensa como para contarla.
Con lo anterior, llegamos al tercer y más importante punto de esas 1929 canciones: teniendo una vida lo suficientemente interesante como para contarla, tal vez me deshaga de una vez por todas de mi depresión post parto/graduate.
No sé, es cosa de intentarlo y si no, morir en ese intento.
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hi how r ya?
hello thanks 4 looking... actually... i do not expect anything from nobody...
...and...
... mmm... i wish to find a mature man (30-35) for a relationship
PS. The one on my pic isn't me... its a wax statue =)
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México, DF, 5:15 am
Me llamo Arturo Loría, estoy por cumplir 24 años y tengo depresión post graduate. No quería reconocerlo, pero hoy finalmente decidí aceptar la realidad. Y no es que esté mal, simplemente que, si me voy a deprimir me gustaría hacerlo bien. Ya saben, llorar con cualquier cosa que pasé en la TV, con cualquier canción y/o película y dormir todo el día. Lamentablemente, mi depresión de post graduado tiene un enfoque mucho menos productivo y bastante más adolescente. Me encuentro, como dirían Pink Floyd y años después las Scissor Sisters, comfortably numb: nada me conmueve, nada me mueve y no puedo dormir nada. Mi promedio de sueño ha pasado de seis a tres horas diarias.
En estos tiempos muertos he podido hacer cosas que precisamente desde mi adolescencia no hacía, como ver comedias de los años noventa o soft porn de Cinema Golden Choice y adeptos. Aunque como suele ocurrir con estas cosas, uno no está viendo realmente la película, sino rumiando una serie de pensamientos inútiles que lo único que consiguen es hacerte sentir más Couch potato.
No conforme con lo anterior, mi cuerpo comienza a darse cuenta de que algo extraño pasa con Arturo. Creo que he bajado de peso, he vuelto a tener acné donde ya no había y mis ojeras son tan atractivas como la ceniza del queso de cabra –ah sí, y también hago malas metáforas-. Si a lo anterior le sumamos que mi consumo de comida chatarra ha aumentado considerablemente, tendremos entonces una bonita combinación, digna de un junkie o de estadounidense inútil, lo que siempre soñé.
No, no he compuesto música, no me he dedicado a escribir la gran novela trascendental y mucho menos he hecho algo productivo o bueno para la humanidad o para mí mismo.
La falta de productividad se ha reflejado en un bonito déficit económico que va muy ad hoc a los tiempos de crisis que vivimos. De hecho, creo que si sigo con el régimen de alimentación y ejercicio que estoy llevando, pronto podré parecerme a Carstens a niveles envidiables.
Hoy, ante el insomnio, decidí ponerme a investigar por qué diablos es mi zona más vulnerable y por qué, a diferencia de mucha gente, no puedo desconectarme apenas poner la cabeza en la almohada. Mi teoría del trauma post epilepsia parece tener bastante de razón, sin embargo, habría que considerar también la posibilidad de lo que denominan “insomnio aprendido”, es decir, un insomnio que se carga desde la infancia resultado de malos hábitos de sueño, de falta de “higiene del sueño”. It happens to be, que soy un cerdo con el sueño.
En una de las páginas que consulté, había un aviso tipo infomercial que decía: “¿Sus niños se levantan a mitad de la noche? ¿Insisten en dormir con usted? ¿Le tienen miedo a la noche? ¡Cuidado! Sus hijos pueden tener mala higiene del sueño”. De repente me vi de ocho años, con mi pijama tocando la puerta de mis padres. Hace 16 años de eso, y al parecer, no me lo puedo quitar de encima.
Ahora bien, esto no es todo respecto a mi depresión post graduate. Esto es tan sólo una parte del “y-ahora-qué-chingados-voy-a-hacer-con-mi-vida” que lleva meses rondándome la cabeza, y que en estas épocas, parece llegar a su punto más álgido.
Hasta hoy me permití reconocer esto en una especie de monólogo-soliloquio dado, para ser exacto, a las siete de la noche de este día, en la ciudad de Puebla.
Son las 6:12 de la mañana en la Ciudad de México. Estoy a unas horas de cumplir 24 años (según mi abuela, nací a las 9:45) y tengo depresión post graduado, post parto, post trauma. He decidido que mañana, bueno, al rato, sea el último día de esta depresión, porque nomás no produzco nada, se me gasta la piel y me veo bastante mal (gracias, Franz Kafka). Una página web me dice que tengo que mejorar ciertos hábitos. Ja…ja…ja…
Al rato veré a varios amigos para comer y festejar, seguro pareceré zombi. Escucho lo más azotado de Ladytron y algunos adagios para ver si así me conmuevo algo o, mínimo, me da sueño.
Son las 6:18 am en la Ciudad de México and I have to be the last one standing.
Días de entrega
Me gusta encontrarme con gente a la que aprecio en mis horarios de insomnio, que en las últimas semanas han sido muchos. Mis intentos por dejar las pastillas para dormir, la capitalización del ocio como fuerza de trabajo y la falta de sexo por la decisión de volver al encuentro y conquista previos a la cama, han hecho un maravilloso cóctel que me tomo todos los días a las cuatro ó cinco a.m. mientras veo la pared, el ordenador o una película.
Hasta hace un tiempo este cóctel era una bebida solitaria, como de alcohólico empedernido o de sociópata sin amigos, pero esta semana, el encuentro virtual ha hecho de esto una barra con muchos más bebidas y gente con quien charlar.
La aparición de nuevos clientes no es gratuita, y he de agradecerle a quien se encuentra detrás de todo esto: los días de entrega. Durante las próximas dos semanas, los estudiantes universitarios presentarán una considerable falta de sueño en sus horarios habituales gracias a esta “recta final” de todo curso.
Me encanta que todo mundo ande “en entrega”, ojalá y así fuera todo el tiempo. No lo digo porque me guste quitarle el sueño a la gente, sino porque me resulta linda la simple idea de que, al menos por dos semanas, todo mundo esté en días de entrega, no sólo de trabajos, sino de ellos mismos. Y es que sólo rindiéndose a la universidad, vulnerándose, es que uno puede pasar este tráfico.
Por mi parte procuro estar en entrega también, y es que creo que ésta es la única manera en la que uno puede hacer de lo que le gusta una profesión. Toda la semana pasada estuve ausente de mi propia vida ensayando para Lionheart. Finalmente el viernes lo pudimos presentar en el MIDE y, al menos lo que pude percibir, es que pasamos la prueba.
Y aquello de estar ausente de mi propia vida es un bonito eufemismo, por no decir una mentira, ya que creo que esa es mi vida ahora.
Sé que he estado ausente de este espacio durante un tiempo, pero es que también creo que si van a leer algo de aquí tiene que ser algo que valga la pena. Y las últimas semanas no me he sentido con muchos ánimos de que las cosas valgan la pena. Estoy procurando cambiar eso y, de paso, quitarme al emo que traigo atorado en el culo, figurativamente (no sé si eso sea bueno o malo).
Es bonito creer que mañana uno va a despertar y todo estará un poco más ordenado.
Lo que sí, queridos lectores, es que hay que aprovechar que hoy todo el mundo está entregándose, tal vez en el camino nosotros también seamos capaces de hacerlo y encontremos algo bueno.
Algo extraño pasa con Ángela
Algo extraño pasa con Ángela
Algo extraño pasa con Ángela, te lo juro, entiendo que los jóvenes tienen sus cosas, pero algo extraño está pasando. No sé qué sea, en verdad. Tú sabes que Mauro y yo siempre procuramos que tuviera lo mejor, pero con moderación, ya sabes que no me gusta que crea que lo puede tener todo así de fácil, pero que sepa que está segura, que tiene lo que necesita.
Mi madre pensó que era una locura pagar la operación para aumentar su busto tres tallas, pero es que ella no está acostumbrada, dice que en sus tiempos no era normal que niñas de trece años lo hicieran, pero vamos, todas las compañeritas de Ángela ya se lo habían hecho y ella lo pedía tanto. Tú y yo sabemos lo mal que se siente una al no encajar, y más a esa edad. Siempre hemos querido que Ángela sea una niña segura de sí misma.
Para serte sincera, en aquella ocasión me extrañó la molestia de mamá. Cuando Ángela nos pidió que le cambiáramos el sexo, mi madre no había tenido problema alguno. Tú misma lo sabes ¡Ella pagó la operación! No sé si te acuerdes, pero fue justo cuando Mauro no tenía trabajo, por ahí del 2022 que la Compañía Hidraúlica se había declarado en quiebra. A Ángela no le gustaba ser Ángel, decía que le molestaba su pipi, era adorable.
Un día lo encontré con el vestido negro que Mauro me compró en la República Socialista Francesa cuando hicimos ese viaje en 2020, para nuestro aniversario. Se había puesto también mis zapatos de piel de cocodrilo –sí, los de la Isla de la Nueva Venecia- y la bolsa de piel de elefante. Ángel se había bebido el whisky de Mauro y se había tomado tres de mis Afroditas. Supongo que Rogelito Estrada había tomado lo mismo, porque cuando llegamos los dos estaban perdidos en nuestra cama con las sábanas manchadas de sangre. Se me hizo triste que decidiera tener su primera vez con Rogelito. Digo, lo conozco perfecto a él y a toda su familia, pero es que no me parecía el adecuado. Ángel tenía ocho y él ya estaba a punto de cumplir los once, y a esa edad ya es bastante tarde para que un muchacho pierda su virginidad ¿No crees?
¿Qué por qué no me cae bien? A ver no, hay que aclarar las cosas. No es que el niño no me caiga bien, simplemente creo que está bastante chapado a la antigua, es todo, no va con mi niña, no la veo con él. Y en realidad no fue eso lo que me molestó cuando los encontré en la cama. Me molestaron las cosas que molestarían a cualquier madre que encuentra a su hijo de ocho años en esas condiciones: sabes lo difícil que es quitar la sangre de la seda natural, y mucho más en estos días que es casi imposible encontrarla ¡Esas sábanas las habíamos comprado en el Continente Chino! ¡No quiero ni decirte cuánto costaron!. Angelito tuvo también la gracia de manchar mi bolsa de piel de elefante, y ahí sí que le grité. Tú sabes cómo andan los artículos de elefante, más desde que se extinguieron.
Lo que te decía es que a raíz de ese incidente empezamos a creer que Ángel no estaba cómodo consigo mismo. Ya dos años después nos dijo que quería que le cambiáramos el sexo ¡A buena hora! ¡Justo cuando Mauro no tenía trabajo! Por fortuna mi madre comprendió y decidió dársela de cumpleaños. Sí, sé que están baratísimas las operaciones, pero imagínate cómo estábamos. Además, mi madre pagó la operación, pero ¿Quiénes crees que se encargaron de resurtir todo el guardarropa, cambiar la habitación, los juguetes y los papeles? ¿Sabías que te sale más barato cambiarte de sexo físicamente que legalmente? Bueno sí, mamá también nos ayudó a pagar el trámite, pero lo que quiero decir es que nos llegó en un mal momento. Para que veas cuánto nos importa Ángela y su seguridad.
Pero entonces dime tú, ¿Por qué se iba a espantar mamá con lo de las boobies? Te juro que a veces no la entiendo ¡Ella misma se lo hizo! Primero a los treinta, creo, luego a los 55 y ahora a los setenta. Sí, reconozco que tanto las suyas como las mías fueron mucho más moderadas que las de Ángela, pero la entiendo, creo que entre los chavos de su edad está de moda eso de tenerlo todo grande, Julia Castro me estaba contando el otro día del transplante de pene que le pidió Gabriel. No, Gabriel es el de la edad de Ángela, el de quince, el de 18 es Felipe. Le pidió uno de 28 centímetros para su último cumpleaños, tuvieron que ir a Argentina a ponérselo al muchacho porque creo que aun no llega esa operación a México. Que por cierto, Julia me contó que los vuelos están baratísimos y súper rápidos, en dos horas y media ya estás en Buenos Aires. ¿Te acuerdas hace unos años que te hacías cinco? Qué espanto, yo tenía que tomarme un par de Morfeos para aguantar el viaje. Una vez me equivoqué y me tomé unas Afrodita en su lugar y acabé con Mauro en el baño del avión. Fue divertidísimo. Mi madre me contó que en sus tiempos se hacían diez horas ¡Diez horas! ¿Puedes creerlo? Yo no sé cómo le hacía la gente, yo creo que me hubiera dado un tiro o algo, no soporto tanto tiempo encerrada.
Para que veas, Gabriel Castro es un muchacho que sí me gusta para Ángela. Ese sí es un chavo actual. Hace unas semanas vino y estuvimos en coca todos juntos, en familia, muertos de la risa. Yo creo que el paleto de Rogelito se hubiera espantado. Ahí mismo nos pidió permiso para acostarse con Ángela y por supuesto que se lo dimos, más aún después de su operación. Si eso es lo que los chicos necesitan, diversión sana. Imagínate las cosas que hacen los jóvenes que no hablan con sus padres.
Ángela y Gabriel han estado saliendo. Gabriel es buen muchacho, le compra todo lo que quiere, la trae de arriba para abajo, se acuesta seguido con ella. Pero aún así Ángela está rarísima. No quiere comer, no quiere salir, se duerme todo el día, se pasa horas llorando. Te digo que algo extraño pasa con Ángela.
Ya intenté de todo. Me la llevé por octava vez a que nos pusiéramos colágeno juntas, jugamos a cambiarnos el color de cabello cada semana, le regalé su primer bótox, me la llevé a Los Ángeles a que se comprara un guardarropa nuevo, y nada. Eso fue primero. Después le pregunté si quería que le aumentáramos la talla de sus boobies y me dijo que no. Ahí todavía estaba tranquila, cuando empecé a preocuparme fue cuando me dijo que, en todo caso, prefería reducirla. No me lo dijo, me lo gritó y se encerró en su cuarto.
“¿Qué estamos haciendo mal?”, le pregunté a Mauro. Los dos estuvimos pensándolo bien y llegamos a la conclusión de que tal vez quería una de esas nuevas operaciones que están de moda, ya sabes, ponerte un tercer o cuarto seno, dos penes y nos dijo, literalmente, que nos fuéramos a la chingada. Como últimamente la he visto leyendo mucho imaginé que le gustaría hacerse lo que el jefe de Mauro ¿Si sabes cuál, no? ¿La del tercer ojo? Sí, sé que es original de los ultra hinduistas, pero hace unos años descubrieron que con esa operación y un tratamiento se podía poner atención a tres cosas al mismo tiempo, o más. Fue cuando se puso de moda entre ejecutivos y directivos. Pues se la ofrecí, le dije: “Nena, ¿No te gustaría ser más inteligente?”, y ¿Sabes que me contestó? Que dejáramos de mutilar su cuerpo, que la dejáramos en paz ¡Por Dios! Las cosas que dice.
Te digo que algo extraño pasa con Ángela, y creo que ya sé qué es. El otro día fui por ella a la escuela y la vi hablando con Rogelio Estrada. Dios, es una pena. Sus padres son de esos anticuados que no creen en la trascendencia corporal o el transhumanismo, deberías de verlos, da tristeza. Tienen un automóvil como de hace treinta años y la madre unos senos pequeñísimos, le cuelgan hasta el suelo. La cara toda arrugada y ella sí que se ve de su edad, como una anciana. Cuando subió al carro estaba llorando. Resulta ser que a Rogelio no le gustan las mujeres. Te digo que algo extraño pasa con Ángela, creo que se está enamorando.
Etiquetas: cuento
El camino de Mowgli
Finding Gloria Estefan
Day 1
El camino de Mowgli
11:42 pm. Temprano para mí, tarde para la mitad de los Balodeza que me espera en la habitación. He tenido que tomar media pastilla para dormir porque, a pesar de estar agotado, no puedo parar.
El miércoles y jueves pasado acabé agotadoras sesiones con Lionheart, este nuevo proyecto que me tiene emocionado e ilusionado y al que le estoy dando todo lo que tengo. El viernes salí disparado de mi Taller de Cuento con Señoras Judías –impartido por mi adorada Lupita Alemán- a Puebla, con múltiples corajes, familiares y laborales para mi DJ Set en Barfly. Me molesté más, pues tres discos se me rayaron en vivo, y no hay cosa que más me traume. El sábado temprano me fui a Querétaro, para ver a mi gente de allá (padres, Tere y Gabo) y el lunes por la mañana regresé a DF a lavar ropa, recoger casa y trabajar más con Lionheart.
Hoy me levanté a las 7 am para acabar la maleta, coger el camión de las ocho en la Tapo y estar a las diez de la mañana en la Capu de Puebla, para que Abel, Ricardo y Yahir me recogieran en este primer día de nuestra aventura: Finding Gloria Estefan.
Hemos nombrado así a este viaje pues, originalmente, iríamos casi el mismo crew a Miami y sostenemos la teoría de que, a cualquier persona que se le pregunte, podrá decirnos dónde está Gloria Estefan. Lamentablemente, nos quedamos sin Miami pero con ganas de Gloria Estefan, así que la buscaremos en Puerto Escondido, donde tengo que mezclar 29, 30 y 31.
A diferencia de la vez pasada que fui –en Semana Santa- ahora simplemente no puedo parar. Escribo esto de forma automática y rápida porque hay mucho, mucho por hacer y porque si no llego a tiempo tal vez no pueda entrar a la habitación -me vine con la mitad de los Balodeza que no son fiesteros o nocturnos-.
Mientras me orinaba, Abel decidió por fin pararse en una gasolinera para suplir mi adicción de café. Descubrimos que era exactamente la misma gasolinera en la que nos habíamos detenido la vez pasada, cuando viajamos juntos a Veracruz.
Tras casi cuatro horas de viaje (que para estas alturas, ya me resultan más que normales) elegimos el primer hotel céntrico que encontramos. Nos instalamos, y salimos a recorrer el centro.
Primero fuimos al “nuevo” museo que hay en el Palacio Municipal. Nos divertimos como adolescentes, adulterando las actividades ofrecidas para niños. Como una en la que uno tienen que armar frases que representen lo que es el ser humano con una serie de frases y palabras ofrecidas por el museo. La nuestra fue: “Tenemos solos o acompañados ganas de mamar en un mundo lleno de color”. Esto ocasionó que el guardia de seguridad pareciera más nuestro guarura que cuidador del lugar.
Posterior a eso fuimos a comer a una pizzería junto a Santo Domingo atendida por un buen hombre (y digo eso basándome sólo en mi creencia de que tenía cara de buena persona) sordo. En la mesa tuvimos una seria discusión acerca de vergas.
Tras discutir el tema nos fuimos a dar una vuelta a Santo Domingo, que jamás había ido. Hay muchos adjetivos que podría emplear, pero me limitaré a decir que es un lugar mágico, como el resto del centro de esta ciudad.
Finalmente un amigo y ex compañero de la carrera de Abel nos contactó y fuimos a su despacho de arquitectos, una bonita casa del centro remodelada con un excelente gusto.
El Café Brujula fue nuestro siguiente destino y de ahí una última vuelta y al hotel. Ricardo y yo nos vinimos a trabajar al lobby, evidentemente, yo aguanté hasta más noche que él. Acabé mi artículo de Antisocial, lo envié (¡Cumplí con un Deadline!) y cumplo mi promesa de reportar este viaje.
Los chacales que atienden el lobby gustan de poner una molesta música estruendosa.
Han pasado muchas cosas pero no he tenido tiempo de digerirlas, porque siento que la vida está pasando y no para, no para. Y eso me encanta.
Estamos en el camino de Mowgli, buscando a Gloria Estefan ¿Qué más puede suceder?
Dont' mess with Tchaikovsky
Lupita Alemán tiene la teoría de que uno de mis mayores aciertos y debilidades como escritor es que soy un romántico empedernido en todo el sentido de la palabra. Y tiene toda la razón. Sin embargo, yo extiendo su opinión y creo que no sólo como escritor, sino también como persona.
Por lo mismo, no es de extrañar que en materia musical, uno de mis favoritos sea Piotr Ilich Chaikovski, uno de los principales exponentes del Romanticismo. Desde chico, el baile entre el Príncipe Koklyush y el Hada de azúcar me estremecía profundamente. Sí, esto es ridículo y lo reconozco. Es, tal vez, una de mis partes más ridículas y clichés. Pero qué quieren, me estremecía hasta los huesos.
Por lo mismo no puedo dejar de imaginar al compositor ruso revolcándose en su tumba al escuchar lo que Danette, Tomás y yo hemos hecho con algunas de sus piezas. ¿Se habría imaginado Tchaikovsky alguna vez que estaría en una misma canción con Soulwax y Momma’s Boy? Pues bien, esa es la primer producción oficial de Lionheart: Don’t mess with Tchaikovsky.
Todo surgió por un maravilloso vinilo que Lasserette y Fausto encontraron en Torreón cuando el DJ Set de la primera. Un disco amarillo con diseño temiblemente setentero llevaba por nombre: Hooked on Tchaikovsky, y resultó ser un megamix –con beat incluido- de los grandes hits del compositor ruso. La idea nos pareció tan ñera, que decidimos anexarnos a la ñerez. La frase nos la regaló una taza con el bonito aforismo Don’t mess with Texas.
El propósito es presentar un Mixtape mensual en el que se incluyan canciones originales y remixes. En este caso no hemos hecho ninguna de las anteriores, pero tomemos a éste como el Mixtape 0. Proximamente informaré de nuestras presentaciones, pero todo parece indicar que la primera será a mediados de noviembre en DF. El chiste, hacer en hora y media a hell of a party.
Dejo de hablar y me remito a los hecho, a continuación, el tracklist y el Mixtape mismo: Don’t mess with Tchaikovsky.
1) Louis Clark (Royal Philharmonic Orchestra) - Hooked on Tchaikovsky
2) Cerrone - Je suis musique (Armand Van Helden rmx - Lazy Flow re-edit)
3) Bananarama - More than Physical (UK 7¨)
4) Chicks on Speed - Wordy Rappinghood
5) Bobby Farrell and the School-Rebels - Happy Song
6) Digikid 84 - Bboy Underground (Lazy Flow rmx)
7) Felix Da Housecat - We all Wanna be Prince
8) Soulwax - Ny LIPPSS
9) Momma´s Boy - Give it Up (Ernold Sane rmx)
10) Atomizer - Hooked on Radiation (Punk Sound Check rmx)
11) Miami Sound Machine - Bad Boy remixed
Don't mess with Tchaikovsky by lionheartdf
Pasan de las 3:30 am
Pasan de las 3:30 am. Estoy muy cansado, pero no quería dejar de escribir esto. Hoy por fin terminamos el Mixtape de Lionheart, antes llamado Blood on the dancefloor, proyecto que inicié con Danette y Tomás.
Ésta había sido una idea que nos surgió hace meses en un bar en Condesa y que realizamos hasta hace unas horas. Todo resurgió gracias a mi nueva vecina, Didi, quien resultó ser una de las mejores amigas de Danette. Cuando nos volvimos a ver, Danette me dijo que necesitaba ayuda para su proyecto como DJ, Lasserette, así que hicimos un Mixtape juntos.
Al ver la química que había entre los tres, nos animamos con Blood on the dancefloor, que tras dos horas –o más- de discusión, concluimos que habría de llamarse Lionheart.
Llegué a casa de mis amigos a las cinco de la tarde de hoy y salí a las tres de la mañana. Pero en estas diez horas de trabajo, conseguimos armar una mezcla que incluye música disco, electro, italo y hasta –sí, señor- Tchaikovsky.
Es extraña la satisfacción que queda tras hacer esto: no es algo que vaya a ayudar a la humanidad –como tal vez sería el caso de un científico- pero se siente como si fuera a salvarla.
En todo este tiempo de trabajo, me dio un ataque de neurosis ocasionado por escuchar demasiadas veces el Hooked on Tchaikovsky, que ya escucharán en el Mixtape. Después de mi ataque, todo fluyo con esa extraña química que nos une.
Se siente como un primer paso muy bien dado.
Mañana, una vez realizadas las últimas correcciones subiré el mentado mixtape. Entre los adelantos, están también un remix que haremos, así como una canción original. Si todo sale como lo planeado, podrán disfrutar del show a mediados de noviembre.
Ah, y por cierto Guillo, Milú sólo bebía Whisky.
Ah, y por cierto Guillo, Milú sólo bebía Whisky.
El helecho chino
Sí, salimos a repartir la publicidad para el negocio de pasear perros. Aún no me lo creo y no sé cómo me dejé convencer. Pero es que Abel cuando está convencido de algo no sé cómo chingados lo logra. Así haya que empezar desde cero. Supongo que por eso es arquitecto.
Coincidimos en que lo mejor para pegar la publicidad era llevar a dos muestras de nuestro trabajo: Zaha, la perra con la que llevan dos años, y Perro Alfombra –al que Abel le ha puesto el ridículo nombre de Milú, pero yo decido seguir llamándole perro alfombra-. Mientras caminaba con Perro Alfombra de la correa, recordé el cuento aquel de Alejo Carpentier llamado “Fugitivos”, creo. En el que el perro del cuento se llamaba Perro.
Cuando casi acababa nuestro recorrido nos sentamos en un café de esos que atienden mejor al perro que al dueño, cerca de la fuente de Cibeles, en la Roma. Abel pidió su clásico espresso y esta vez yo me limité a pedir una naranjada, que desde hace un rato mi estómago no anda bien. Sentado en la terraza del café sentí por fin el otoño, y recordé que es ésta mi época favorita del año.
Tras un rato de estar ahí, pasamos por una tienda de plantas y me compré un helecho chino. Hace poco más de una semana Nash me había reclamado que no coopero con la casa y que no tengo iniciativa para con ella. Pues bien, este helecho será el símbolo de mi cooperación, de mi amor por esta casa.
Cuando llegué al departamento me fui a la terraza a transplantar el helecho. Yo no sabía que había que hacer esas cosas. Yo no sabía que las plantas tenían que transplantarse para seguir vivas, o que una planta que parecía muerta, podía, en realidad, seguir viva. Como Amy, a quien dábamos por muerta y resulto estar más viva y fuerte que nosotros. Lo que ocurría, es que necesitaba otro espacio, un lugar donde el sol no la quemase demasiado y donde la sombra la refrescara. Su raíz estaba fuerte y había dado un retoño verde y fresco. No podía creerlo.
Al helecho lo pasamos a la maceta que era de Amy y a ésta a una que teníamos habitada por pura maleza.
Cuando saqué toda la tierra de la maceta en la que originalmente estaba Amy, cuatro lombrices se me vinieron encima. Ahí estaban: viscosas, sin ojos, sin nariz, lengua o algo que me permitiera reconocer una cara. Largas, retorciéndose, sin frente ni revés, sólo dos hilos girando. El estómago se me sumió y di un brinco. Me quedé observándolas, se retorcían hacia todas partes.
Recordé cuando tenía once años y vivía en Toluca. Los días de lluvia, uno las encontraba por todos lados en la escuela. incluso creo que una vez a un chico le rellenaron su sándwich de lombrices. Por esos días también fue que leí Fugitivos de Carpentier, y me impactó profundamente.
Recordé también los días que llevaron una serpiente –a esa misma escuela- para espantarme, y recordé el día que, hace poco, me topé cara a cara con una en el metro. De nuevo, el estómago se me hundió y la voz se me fue.
Recordé también los días que llevaron una serpiente –a esa misma escuela- para espantarme, y recordé el día que, hace poco, me topé cara a cara con una en el metro. De nuevo, el estómago se me hundió y la voz se me fue.
- Pero si ellas le dan vida a la planta- me dijo Nash.
- Ya sé, pero ahora sé que están ahí, en mi maceta, en mi ventana.
Si ellas salen al mundo, se mueren. Checo tuvo que finalizar todo el acto de jardinería, incluido, el poner a las lombrices donde Meidin –el nombre que le puse al helecho chino-. Ahora que lo veo, hermoso en nuestra terraza, no puedo evitar pensar que dentro de él viven cinco viscosos anélidos que en cualquier segundo pueden salir a tragarme.
Pasado el susto me fui con Gaviota, quien está próxima a ser mi nueva vecina. Su mudanza termina con la boda y en tan sólo un mes la tendré a dos cuadras de mi casa. A veces no sé por qué soy tan afortunado.
En la tarde me quedé dormido en su nuevo departamento, en su colchón aun sin estrenar y comí una pizza que, ahora, mientras escribo, siento subir y bajar por mi traquea. Estaba deliciosa.
No he corregido el cuento de ciencia ficciónn que hice para el taller de Lupita Alemán inspirado en una serie de cosas que me contó Ricardo Velmor. Me he prometido corregirlo, enviarlo y publicarlo mañana.
Tras estar con Gaviota regresé a casa y desde fuera pude ver a Meidin coronando mi terraza. Se ve hermoso, a pesar de sus habitantes.
¿Por qué le tengo tanto miedo a los gusanos que pueden salir de algo tan lindo? ¿Por qué me da asco esa cosa extraña y retorcida que da tanta vida a algo tan hermoso?
Silencio a la Uma Thurman
- Deberíamos de coger.- afirmo con seguridad.
- No me chingues.
- Bueno…era sólo una propuesta…
- No puedo dormir.
- Por eso digo, deberíamos de coger.
- ¿Y si no me levanto mañana? Bueno, al rato.
- Claro que nos vamos a levantar.
…
- ¿Ya estás dormido?
- Estaba a punto…
- ¿Seguro que no quieres coger?
- Sí…seguro…
- Ok…
Gabo y yo tratamos de dormir después de una larga noche de fiesta precedida de un largo fin de semana que no sé cuándo empezó, y en realidad, cuándo vaya a terminar. Él no puede dormir porque está nervioso –volaba al día siguiente a Boston- y algo pedo. Yo sí que quiero dormir, pero el insomnio de mi amigo no me lo permite. Y no, yo no estoy pedo y he decidido no tomar mis pastillas para dormir. De hecho, esta noche he decidido no tomar nada. Nada de nada. Y miren que bien que se siente estar sobrio por alguna vez.
En algún punto descubro que también estoy nervioso por Guiri Carnefresca, a quien he dejado en ese monstruo llamado Living. Es tan grande como la ciudad que lo alberga. Pero no le he dejado solo, lo dejé con su amigo, cosa que tampoco me deja muy tranquilo.
Alcancé a Gabo, Guiri y un amigo de éste último ahí tras ir a una fiesta con Ricardo, Abel y Ale de la Reguera. En realidad, era una fiesta a la que ésta última me había invitado y se presentaba uno de los chicos que ella ha comenzado a manejar. Sabía exactamente todo lo que iba a ocurrir: típica fiesta hip chilanga en la que nos encontraríamos con algunos de los clásicos de la fauna chilanga: artistas en onda, músicos de las dos especies (los que ya tienen disco y gira y los que no tenemos absolutamente nada de eso), sujetos salidos de cualquier catálogo de American Apparel, gente con el corte de cabello que implica raparse la mitad de la cabeza, hipsters y demás culture vultures.
Antes estas fiestas me volvían loco, pues sentía que eran la opción a sitios como los gigantescos antros gays que Guiri tiene a bien nombrar de Queer as folk, pero mientras más pasa el tiempo descubro que es exactamente lo mismo: la misma gente haciendo lo mismo. Y vamos, que se me caiga la lengua, que yo también soy uno de esos.
Pese a lo anterior, reconozco que me siento mucho más cómodo en fiestas como la primera que en los “sitios Queer as folk”. Pude platicar un rato con Francisca Valenzuela, que si me había enamorado con esa joyita de disco que acaba de sacar, ahora la adoro más al ser tan dulce, cabal e inteligente. Le dije que la quiero entrevistar y que me gustaría hacer un remix de alguna rola suya. Ella aceptó gustosa. Tal vez comamos juntos esta semana.
En la misma fiesta, la hip, me encontré a E.L. Sabía que así sería y así fue. Salimos un rato a platicar a la terraza y le volví a preguntar si valía la pena que me estuviese “arriesgando” así por él, a tener algo serio. Él me respondió que eso dependía de mí. No sé bien qué quiso decir con eso. Nos dimos un par de besos, un par de silencios incómodos y me fui al Living a por la mitad de mis amigos.
De vuelta en el gigante de Bucareli –sí, el Living- me reencontré con el resto de la troupe: Gabo, Guiri y su amigo. Estuvimos muy poco tiempo, pero el suficiente como para recordar mi incidente este viernes último en el Barfly: todo iba perfecto, Venus & Velvet Boy había resultado una excelente combinación, hasta que tiré mi bebida en uno de los CDJ’s, jodiendo el equipo. Naturalmente Beto, el dueño, se molestó muchísimo conmigo y en un tono que no sé si era broma o en serio, me dijo: “Ahí luego te paso la factura”. Espero sea una broma y, de no serlo, espero que sólo sea una cuestión de mantenimiento, que en este momento no tengo $4,500.00 para comprar una CDJ Pioner nueva. Por Dios, si no tengo ni para comprarme el desayuno.
De hecho este fin de semana perdí muchas cosas: perdí mi sombrero favorito –again-, rompí los audífonos de mi Ipod, perdí dinero, jodí un equipo de sonido y Guiri perdió mi sweater favorito. O mi jersey, como diría él.
Es interesante no tener dinero así. Me hace sentir que en realidad debería estar buscando un trabajo detrás de un escritorio. Pero no pienso hacerlo. El jueves estuve de nuevo trabajando con Tomás y Danette en Blood on the dancefloor y si somos lo suficientemente disciplinados e inteligentes, no habrá necesidad de buscar trabajo de escritorio.
Estoy también molesto porque le he escrito a mucha gente y a muchos lugares y nadie me contesta: Wake up people! De hecho tuve que encontrarme a J.T. en la fiesta hip para que me diera las opiniones del remix que le hice para su web: “Es cosa de unos arreglos…la cantante me dijo algo respecto a su voz…pero…”, pero nada, estás muy borracho guapo y no tienes ganas de verme, no finjamos más y vuelve con tu chico, que es ciertamente más amable conmigo.
Voy a iniciar un negocio de pasear perros con Ricardo, Abel y Yahir. Ya han pegado algo de publicidad y mañana con Abel pegaré más.
Gabo me dijo que me ve “más flaquito” y hace unos minutos me he visto desnudo en el espejo, el resultado no es tan malo, creo que después de todo las desmadrugadas con Nereo para ir a correr están sirviendo de algo.
Volvamos a la escena del principio:
- Deberíamos de coger.- afirmo con seguridad.
- No me chingues.
- Bueno…era sólo una propuesta…
- No puedo dormir.
- Por eso digo, deberíamos de coger.
- ¿Y si no me levanto mañana? Bueno, al rato.
- Claro que nos vamos a levantar.
…
- ¿Ya estás dormido?
- Estaba a punto…
- ¿Seguro que no quieres coger?
- Sí…seguro…
- Ok…
El que propone coger soy yo, el que no puede dormir es Gabo. Evidentemente ambos sabemos que no hablo en serio, pero después de toda la mierda que sentí con descomponer el equipo del Fly, sentir a Gabo detrás de mí, abrazándome e intentando dormir, me hace sentir bien, en familia, cálido. Por eso me estoy quedando dormido y me da risa que él no pueda.
- Te quiero.
- Yo a ti.
Y listo, caemos rendidos, nos perdemos. Dos horas después, a las 8:30 am para ser exacto, Nash me llamará a mi celular para decirme que le urge que le lleve el pasaporte al Ángel de la Independencia. No pienso entrar en los detalles que expliquen esta situación, pero si me pregunto a cuánta gente le pasa eso. Y entonces me siento contento de tener una vida tan revuelta, tan enredada, compleja y llena de estos personajes.
Cojo la bici de Nash y llego en diez minutos al Ángel:
- Te adoro, esto lo haces por tu país y por nuestro maíz.- me abraza Nash.
- No pendeja…esto lo hago para que cuando la policía te agarre, sepa mínimo el culo de quién está agarrando.
- Te quiero.
- Yo a ti.
Regreso a casa por Reforma a las 9:40 am, en bici, sin haber dormido nada, con un queretano aun borracho que tiene que tomar un vuelo en un rato, un español perdido en la ciudad y una posible deuda de $4,500 pesos. Descubro que ya había olvidado que existían las 9:40 am en el DF y que se ve hermoso.
Llego a casa con jugo de naranja y El País en mano. Gabo me recibe bañado y con maleta en la puerta. Se ve guapísimo, a pesar de su estado.
. ¿Estarás bien?- le pregunto.
- Claro que sí.- me sonríe.
- Te va a ir increíble, ¿Seguro que no quieres que te acompañe al aeropuerto?
- Sí…tú mejor duerme.
- Te quiero…
- Yo a ti…
Me deja $200 para que no me quede sin nada y se va. Llego a casa, comienzo a leer el especial de la caída del muro de Berlín del País Semanal de hoy y caigo dormido a niveles inexplicables. Son las once de la mañana. En las siguientes horas, recibiré una llamada cada sesenta minutos de entes completamente distintos con las peticiones más extrañas. Por lo que dormiré en intervalos de una hora.
Me levanto a las dos de la tarde y llamo a Guiri. Llegaron bien, todo en orden.
- Te vienes a comer, ¿No?
- Por supuesto.
Pasaré la tarde con él, su amigo y sus tíos –los mismos con los que fuimos a Vallarta y que ya considero como tíos míos.-. Lo paso muy bien.
Regreso a casa con el Tupper de paella que me llevé, saludo a Checo y Nash que veo sanos y salvos tras la acción de hoy de Greenpeace, me acuesto cinco minutos en mi cama y caigo rendido. De no ser porque Ricardo me había pedido que le acompañase al teatro habría dormido hasta el lunes en la mañana.
Me espabilo, cojo de nuevo la bici y corro a la horrible Zona Rosa. Llego antes que ellos. Charlamos –yo con refresco, que no quiero alcohol- y vemos la obra. Nada de otro mundo, nada exactamente excelente.
Regreso a casa, hablo con Guiri, me caliento algo de esa paella asesina, doblo la ropa que tenía tres días salida de la lavadora, y me encuentro con un mensaje de Gabo:
19 October at 01:36
Como le fue a nash??? Yo ya en Boston
Respondo:
Bien, no me la arrestaron. Qué tal todo por allá. Oyes, por cierto, ella te tiene una petición: Que si le puedes comprar el Lonely Planet de la India, ella te lo paga o deposita. Espero te la pases increíble. ¿Viajaste pedo? Cómo llegaste? Te quiero, un beso,
- A.
Me río y me doy cuenta que, de vez en cuando, no está mal que a uno le guste su vida y la disfrute. Ah, y al final, el cabrón del Guiri recuperó mi jersey. Parece ser que no todo está perdido.

